La comprensión lectora requiere conocimiento del mundo (Parte II)

Repensando el currículo

En EEUU, para mejorar en la lectura, las escuelas de todo el país han ido progresivamente incrementando el tiempo dedicado a la enseñanza de la lengua artística. Por ejemplo, en Baltimore (Chicago) y en el estado de California los profesores de los primeros cursos de primaria deben dedicar dos horas y media al día al fomento de las habilidades lectoras (lectura, expresión escrita y literatura). En una encuesta de AFT, el 80% de profesores de primaria dijo que en sus escuelas se recomendaba dedicarle a este aspecto dos horas como mínimo cada día. Si esta encuesta se hubiera limitado a preguntar a profesores de los primeros cursos de Primaria el porcentaje hubiera sido incluso mayor. Esto es demasiado tiempo, especialmente cuando se dedica el tiempo limitado del horario diurno escolar. Es necesario utilizar el tiempo de forma óptima y como ahora veremos esta no es la mejor forma. ¿Qué ocurre en ese tiempo? Teniendo en cuenta lo que acabamos de explicar acerca de la comprensión lectora, ¿cómo sería mejor utilizar el tiempo lectivo?.

 Empezar pronto a construir vocabulario y conocimiento del mundo

Un niño de familia desfavorecida entra a preescolar conociendo únicamente la mitad de palabras que conoce un niño de familia favorecida.  Debido al “efecto Mateo” es probable que nunca llegue a recortar esa desventaja con la que parte. Como hemos visto, los niños que provienen de un entorno rico en palabras aprenden más vocabulario y contenido que aquellos niños de un entorno léxico pobre incluso cuando participan en las mismas experiencias de lenguaje. Por otro lado, remediar esto es posible especialmente si desde las primeras edades fomentamos un crecimiento óptimo del vocabulario en las escuelas infantiles y preescolar.  Adquirir un conocimiento del mundo y del vocabulario es un proceso gradual y acumulativo. Como aprender palabras desde muy pequeños y cosas es la única forma de recortar las desventajas entre niños parece lógico el argumento de que se deben incluir contenidos óptimos en el tiempo lectivo tan pronto como sea posible.

Son muchas las ventajas tanto prácticas como teóricas que tiene la enseñanza temprana de la descodificación. A través de los “textos decodificables” (decodable texts) el niño progresa rápidamente en su habilidad de decodificación.

Pero la investigación dice algo más. Sugiere que basta con unos 40 minutos al día dedicados a la enseñanza de la descodificación en 1º y 20 minutos al día en 2º grado. Esto nos deja entre 1 y 2 horas diarias para dedicar tiempo a actividades que aumenten y mejoren el vocabulario, el conocimiento y la fluidez lectora. Dicho conocimiento puede ser adquirido a través de lecturas en voz alta y a través de la instrucción dirigida de nuevo vocabulario, además de diferentes actividades que promuevan la inmersión del niño en ambientes ricos de vocabulario. La pena es que aún no se ha visto que ningún programa escolar publicado persiga esta meta.

 Construir comprensión oral y conocimiento previo

Thomas Sticht ha demostrado que la comprensión oral suele establecer el límite de la comprensión lectora; si no reconoces y entiendes una palabra cuando la oyes, tampoco vas a ser capaz de comprenderla cuando la leas. Esto nos dice algo muy importante:  la comprensión oral generalmente tiene que ser desarrollada en los alumnos más pequeños si queremos que sean buenos lectores.

Desde los primeros años, la lectura es mucho más que descodificar letras. Desde el principio, leer también es acceder y adquirir conocimiento del idioma y conocimiento del mundo. Esto significa que la enseñanza y la práctica de la fluidez lectora tiene que ir acompañada por enseñanza y práctica de vocabulario y conocimiento. Si pretendemos mejorar los resultados académicos del futuro y evitar el bajón de cuarto grado tenemos que combinar en los primeros años la enseñanza tanto de procedimientos específicamente de vocabulario como convenciones lingüísticas y conocimiento del mundo.

En los primeros cursos antes de que los alumnos sepan leer textos amplios por sí mismos este contenido se podrá transmitir mejor de forma oral. El mejor vehículo serán las lecturas en voz alta del profesor, donde los textos seleccionados por el interés  y su vocabulario son leídos a los niños para después debatir y ayudar a generar una comprensión de las ideas, de los temas y de las palabras de la historia leída. Muchos de los programas de lectura incluyen actividades de lectura en voz alta, pero los contenidos son casi siempre banales. A menudo, a partir de 2º se deja de hacer lectura en voz alta, a pesar de que los estudios han encontrado beneficios de esta actividad hasta el 8º grado. Además, algunas guías de enseñanza de lectura recomiendan dialogar y construir conocimiento a partir de temas demasiado ordinarios como las mascotas, el compartir, e incluso sobre qué alimento sabe mejor untado en una tostada (¡!).

Tanto si hablamos de lectura en voz alta como de descodificación de textos, ambas actividades suelen estar demasiado enfocadas hacia la ficción.  La literatura es un dominio muy importante del conocimiento, pero aún no he visto ningún argumento  que refute el propuesto por Jeane Chall,  quien afirma que necesitamos dar más énfasis a los contenidos de no ficción, sobre todo en los primeros cursos. Este énfasis en la realidad es esencial para que los niños aprendan las palabras y conceptos que van a necesitar para entender periódicos, revistas y libros enfocados al público general. Pero el problema no es sólo la desproporcionada atención hacia la ficción, sino que  además la ficción se ofrece a través de contenidos triviales y a menudo con un lenguaje simple y convencional. Pero la ficción puede ayudar a construir conocimiento y comprensión sobre personas, lugares, épocas e ideas que son importantes pero que los niños aún desconocen. Un ejemplo claro de dicha ficción sería el cuento de “El pequeño héroe de Holanda” (cuyo título original en inglés es “The hole in the dike”).  Esta famosa narración introduce a los alumnos en la cultura de Holanda, su geografía, y les ayuda a conocer cómo funcionan los sistemas de diques y la fuerza que puede llegar a tener el agua.

Pero este cuento es una excepción. La mayoría de narraciones especialmente en los cursos de 3º y 4º son historias basadas en el aquí y ahora, y versan sobre ideas que los niños ya conocen. Así, temas como la escuela, la amistad o la familia son recurrentes en estas novelas.

No emplees demasiado tiempo enseñando habilidades de comprensión lectora formales.

Actualmente una cantidad ingente de tiempo se invierte en enseñar a los niños estrategias formales de comprensión lectora como por ejemplo enseñar a predecir, clasificar y buscar las ideas principales de un texto. En la mayoría de libros de texto de lengua y literatura este tipo de actividades persisten a lo largo de los años. Los investigadores creen que sí que hay un valor inicial en practicar este tipo de estrategias de comprensión, ya que enseñan a los niños a construir un texto de la misma forma que ellos mismos construyen un discurso oral. Esto les ayuda a comprender que con un texto, al igual que cuando hablamos, lo que pretende es comunicar algo. Pero tras este beneficio inicial, seguir practicando de forma consciente estas habilidades es una pérdida de tiempo, según Barak Rosenshine,  quien ha revisado toda la investigación disponible sobre los efectos de utilizar dichos métodos. Rosenshine encontró que invertir seis clases en enseñar estas habilidades tiene el mismo efecto sobre el nivel de comprensión lectora que invertir 25 clases. Tras una pequeña mejoría al inicio, los efectos positivos se mantienen estables y el beneficio final es mínimo.

Los hallazgos de Rosenshine podrían haberse predicho a partir de lo que ya conocemos sobre la comprensión. Los niños durante toda su vida están infiriendo significado de forma estratégica a partir de lo que escuchan (recuerda que cualquier niño sabe inferir el significado implícito que hay en “¡Hey, cállate, estoy intentando leer!”). Por tanto, no es tanto la falta de técnicas de inferencia como la falta de un conocimiento relevante del mundo. Así que, aunque le dediquemos poco tiempo a enseñar habilidades de comprensión lectora no significa que el niño las vaya a olvidar, sino que se irán activando a medida que el niño se familiariza y domina el vocabulario específico de lo que va leyendo. La clave de la comprensión es activar el conocimiento previo de los niños para lograr construir un modelo de situación. Eso es lo ideal, pero si dicho conocimiento no existe, será inútil activar estrategias de comprensión conscientes.

Aprender palabras y adquirir conocimientos de forma sistemática

Vamos a ver por qué los programas actuales no consiguen aumentar los resultados en comprensión lectora. Primero, porque no consiguen incrementar el vocabulario de los alumnos. Los investigadores en vocabulario coinciden en que, para poder comprender bien todas las connotaciones de una palabra, una persona necesita exponerse al uso de esa palabra en muchos y diferentes contextos. Para conseguir dicha exposición no va a ser suficiente con leer un fragmento de un historia donde el tema es un día en la playa o una visita a la sección de verduras del supermercado.  Este es el defecto más superficial de todos los programas educativos, pero hay fallos más profundos.

Estando tan orientados hacia la literatura trivial, estos programas no contribuyen a mejorar el conocimiento general de los niños de forma coherente. Un amplio vocabulario siempre va de la mano de un amplio conocimiento. El lenguaje no es una esfera aislada de actividad sino nuestro instrumento humano fundamental que nos sirve para relacionarnos con el mundo. La mejor forma de expandir el lenguaje de nuestro alumnos es expandir su entendimiento sobre todo aquello a lo que nos referimos con las palabras. Si queremos que nuestros alumnos conozca las connotaciones de la palabra manzana, la mejor instrucción incluirá referencias a manzanas verdaderas – y no sólo asociaciones verbales como “es dulce”, “es redonda”, o ”es crujiente”- y lo relacionará con los propios objetos que unifican estas características. El programa de lenguaje ideal estará basado en el conocimiento, en consolidar el significado de las palabras en las mentes de los estudiantes y que sepan a lo que realmente se refiere cada una.

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Jeanne Chall (Fuente: New Learning)

La ya fallecida Jeanne Chall estaba angustiada por el poco conocimiento del mundo que transmitían a los estudiantes las historietas de ficción (que hacen tan poco para mejorar su conocimiento y su vocabulario). Ella siempre decía que saber sobre el mundo es un componente esencial en la comprensión lectora, porque cada texto que uno lee da por sentado que el lector está familiarizado con una serie de hechos implícitos que no se mencionan y que tratan sobre el mundo cultural y natural.

Ahora ya es algo aceptado a nivel general que la principal causa de la brecha en cuanto a resultados escolares entre grupos socioeconómicos diferentes deriva de una brecha en el nivel de lenguaje. Mucho del trabajo sobre el lenguaje y el vocabulario carece de un elemento fundamental en la adquisición de palabras que, por ser tan básico, pasa casi siempre inadvertido: la relación entre lenguaje y conocimiento del mundo al cual refiere el lenguaje es extremadamente fuerte. En el ser humano, el conocimiento de una materia se acompaña automáticamente del uso del lenguaje que representa dicho conocimiento. Es esta relación de lenguaje/conocimiento, el nexo que establece el principio clave del currículo de Lengua: un currículo coherente y extenso es la forma más efectiva de construir vocabulario y de contribuir a mejorar la comprensión lectora.

En el aula, la comprensión lectora y el vocabulario se trabajan mejor invirtiendo tiempo en la lectura y escucha de varios textos sobre el mismo tema y debatiendo los hechos datos e ideas que aparecen. El número de clases invertidas en un mismo tema debería venir determinado por el tiempo necesario para entender y familiarizarse con el tema (y en función del curso que se trate). En preescolar y primer grado los estudiantes deberían escuchar y debatir temas únicos durante tres clases. En cuarto grado la inmersión debería durar dos semanas, y en cursos superiores más tiempo. No es necesario decir que este principio sirve tanto para buenas historias de ficción como buenas historias de no ficción. Estos textos y temas deben ser lo suficientemente atractivos para que tanto el profesor como los niños quieran hablar sobre ellos y deben ser lo suficientemente profundos para que haya razones para volver a revisitar el tema.

Dicha inmersión en un tema no sólo mejora la lectura y desarrolla el vocabulario, sino que también desarrolla la escritura. Uno de los hallazgos más importantes que he hecho en mi carrera ha sido ver cuánto cómo mejoró la escritura de mis alumnos cuando nuestra clase se enganchó a un tema interesante durante un tiempo relativamente largo. Lo que observé fue que la organización de sus escritos mejoró mucho. Su ortografía también mejoró. Su estilo mejoró. Sus ideas mejoraron. Ahora entiendo por qué: porque cuando la mente se familiariza con un tema, sus recursos limitados pueden dedicarse a otros aspectos de la escritura (lo mismo pasa en la lectura). Todos los aspectos de la escritura entonces crecen y mejoran a medida que el alumno se familiariza con el tema, por lo que conseguimos matar dos (o más) pájaros de un tiro cuando enseñamos habilidades a través de enseñar cosas.

Además, hay evidencia de que enseñar contenidos sólidos en clases de lectura incrementa de forma más eficaz la comprensión lectora que cualquier otro método. Algunas muy buenas investigaciones realizadas por John Guthrie y su equipo demuestran que la enseñanza de la lectura que se centra en un área de conocimiento coherente durante un tiempo relativamente largo no sólo aumenta el vocabulario general de los alumnos en comparación con el grupo control, sino que también aumenta su fluidez lectora y motivación hacia la lectura. Por ejemplo, veamos ahora la regla de oro de que establece que se necesita conocer al menos el 90% de las palabras de un texto para poder comprenderlo correctamente. A medida que les exponemos a un tema durante un tiempo, el porcentaje de palabras familiares para el alumno va aumentando. Esto significa que el aprendizaje incidental de palabras (ya sean generales o específicas) va a verse continuamente incrementado con una inmersión extensa de tiempo sobre ese tema. Al mismo tiempo, la fluidez general también se verá mejorada a medida que el niño se vuelve más familiar con ese tema. En resumen, el principio de la inmersión en contenidos puede hacer que las clases de Lengua no sólo se vuelvan más interesantes para los alumnos sino también más efectivas para mejorar su lectura y su escritura.

 

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Jame Coleman  (Fuente: Wikipedia)

El gran sociólogo James S. Coleman, tras muchos años dedicados a evaluar las características de los programas y las escuelas efectivas, concluyó que la característica más importante de un buen programa escolar es que éste haga un buen uso académico del tiempo colectivo. El tema común en los trabajos de Coleman es la “igualdad de oportunidades educativas” (así se titula el conocido como Informe Coleman del año 1966.)

Hacer un buen uso del tiempo escolar, concluye Coleman, es la única y más igualitaria función que nuestras escuelas puedan llevar a cabo, porque para los alumnos en desventaja, el tiempo que están en el colegio es el único tiempo de aprendizaje, mientras que los alumnos más favorecidos aprenden también fuera del colegio.

La principal conclusión que se obtuvo del trabajo del Coleman fue que la posición social influía más en los resultados académicos que la propia escuela. Pero había un segundo hallazgo mucho más esperanzador en el informe Coleman y por el que luchó Coleman toda su carrera: el innegable carácter igualitario y compensatorio de un buen programa escolar. Un mal programa afecta más a los alumnos más desfavorecidos que a los alumnos de clase media quiénes son menos dependientes de la escuela si hablamos de adquirir conocimiento. En contraste, un buen programa es innegablemente compensatorio porque tiene un mayor efecto en los alumnos más pobres que en los alumnos de clase media. Esto se debe a que los alumnos pobres tienes más que aprender (y con un programa efectivo es donde pueden hacerlo y así reducir diferencias).

Un buen programa de Lengua que se centre en el conocimiento general y haga un uso efectivo del tiempo escolar no sólo mejorará los resultados de lectura para todos, sino que también, siguiendo con los principios de Coleman, disminuirá la brecha lectora entre clases sociales, y por tanto, también la brecha en cuanto a resultados escolares.

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Artículo traducido por el autor de este blog a partir del artículo original:

  • Hirsch, E. D. (2003). Reading comprehension requires knowledge – of words and the world. American Educator 27 (1), 10-29.

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