El mito de los alumnos multitarea

Siguiendo con la entrada anterior de los “nativos digitales“, hoy traemos su segunda parte, esta vez dedicada a conocer por qué no existen los alumnos “multitarea”. El contenido de esta entrada es una traducción del artículo en abierto del profesor Paul A. Kirschner y Pedro de Bruyckere.

La multitarea

Estrechamente relacionado con el mito de los nativos digitales encontramos el persuasivo mito de que las personas pueden hacer varias cosas a la vez (multitasking). El mito de los nativos digitales defiende que los niños adquieren de forma natural (no aprendida) una serie de habilidades metacognitivas necesarias para una multitud de estrategias de aprendizaje (Veen y Vrakking, 2006).

En cambio, el mito del humano multitarea se basa más en dar credibilidad a unas supuestas capacidades de la arquitectura cognitiva humana y del procesamiento de la información de esta generación. Este segundo mito se oye a menudo cuando se habla de  niños (los homo zappiëns) y mujeres. Muchas publicaciones y medios de información afirman que los jóvenes de ahora no solo son capaces de hacer varias cosas a la vez, sino que también son experto en ello y que la educación debería adaptarse a ello (véase Clark & Ernst, 2009; Dochy, Berghmans, Koenen, & Segers, 2015; Skiba & Barton, 2006) o al menos aceptar que esto es un modo de vida actual (véase, Barnes, Marateo y Ferris, 2007)

Antes de proceder, es importante definir lo que en realidad es el humano multitarea. Originalmente utilizado en las ciencias computacionales, el término “multitarea” servía para referirse a un ordenador que era capaz de realizar dos procesos diferentes a la vez. Se refería específicamente a la habilidad de los microprocesadores para “aparentemente” procesar varias tareas de forma simultánea. La palabra “aparentemente” es importante aquí ya que la multitarea computacional en un microprocesador de un único núcleo en realidad no existe. Lo que pasa en realidad es que el procesador único en una computadora realiza una suerte de partición de tiempo con una sola tarea (proceso), estando activo cada vez, saltando de una tarea a otra varias veces por segundo, habiendo un tiempo mínimo de transición entre una y otra tarea.

Respecto a los humanos y el procesamiento humano de la información, el término multitarea significa que una persona es capaz de, simultáneamente, realizar dos o más tareas de procesamiento de información (o pensamientos); eso es que una persona es capaz de realizar múltiples tareas, cada una requiriendo cognitivo y/o procesamiento de la información (por ejemplo, leer un correo o chatear con alguien online mientras escuchamos una exposición en clase o participamos en un grupo de trabajo). Esto es similar a los que Ruthruff, Pashler, and Hazeltine (2003) se refieren como realizar tareas duales con el mismo énfasis. El problema aquí es que el cerebro humano dispone de un único núcleo y que esta arquitectura del sistema cognitivo humano (es decir, cómo nuestro cerebro funciona)- al igual que en un ordenador de un solo núcleo- solo nos permite saltar de una tarea a otra; llevando a cabo un número variado de tareas cognitivas o tareas parciales en una rápida sucesión en lugar de hacerlas todas de forma simultánea. Salvucci y Taatgen (2008) se refieren a esto como cognición enhebrada (es decir, bloques alternos de procedimientos y procesamiento de recursos periféricos) donde:

La cognición mantiene un conjunto de objetivos activos que producen hebras de procesos con objetivos similares entre todos de los recursos disponibles en el cerebro.

Todos los recursos -cognitivos, perceptivos y motores- ejecutan en serie los procesos requeridos, atendiendo una sola demanda cada vez.

Las hebras adquieren y emiten recursos de forma “codiciosa y educada”.

Cuando muchas hebras compiten por el recurso del proceso, el último canal procesado recibe permiso para proceder. (pp.107-111)

Entonces, como pasa en el procesamiento informático, estas alternancias entre hebras a veces ocurren tan rápidamente que “parece” que se estén procesados de forma simultanea. En otras palabras, lo que vemos es a alguien “aparentemente” llevando a cabo más de una tarea de proceso de información al mismo tiempo, aunque en realidad no lo está haciendo.

Los seres humanos, debido a su arquitectura cognitiva (Sweller, Ayres y Kalyuga, 2011) son capaces de hacer mas de una cosa a la vez solo si todas las actividades que están llevando a cabo están completamente automatizadas (es decir, que no requieren un proceso cognitivo) salvo aquella que requiera dicho proceso (por ejemplo, andar y hablar a la vez, aunque incluso estas tareas se han demostrado como susceptibles de llevar a fallos y accidentes; Herman, Mirelman, Giladi, Schweiger, & Hausdorff, 2010). Sabemos esto por lo menos desde los últimos años de la década de los 80 y los primeros años de los 90 cuando científicos como Gladstones, Regan, y Lee (1989), y Pashler (1994) realizaron un experimento demostrando que intentar llevar a cabo varias tareas a la vez no es más eficiente que hacer solo una o una tarea tras otra de forma consecutiva.

Gladstones et al. (1989), por ejemplo, encontraron que “no hay evidencia de que las personas puedan procesar información dos tareas más rápido de lo que pueden procesar información de una única tarea cuando están realizando tareas independientes a la máxima tasa [de esfuerzo] que pueden mantener” (p.12) Concluyen además que donde “dos o más tareas poco redundantes y genuinamente independientes requieren una atención sostenida y capacidad de respuesta, los diseñadores no deberían contar con ninguna otra capacidad para un procesamiento en paralelo. Ni tampoco deberían pensar que compartir dichas tareas entre diferentes modalidades de input/outputs vaya a mejorar necesariamente la ejecución de la tareas” (p. 16). Paslher (1994), en una revisión de estudios relacionados con la ejecución simultanea de tareas relativamente sencillas, encontró que “las personas tienen sorprendentemente severas limitaciones  en su capacidad de llevar a cabo cierto procesos cognitivos simultáneos que parecen bastante triviales desde un punto de vista computacional” (p. 24). Esto es debido a lo que es conocido como el “periodo refractario psicológico”; el periodo de tiempo durante el cual la respuesta a una segundo estímulo se ve significativamente disminuido porque un primer estímulo sigue siendo todavía procesándose. El autor concluye diciendo que los resultados de las investigaciones que él revisó “indican un inquebrantable cuello de botella que limita el proceso de elección de acciones y probablemente el recuerdo memorístico de forma generalizada, junto a otras operaciones cognitivas” (p.220).

En general, la investigación ha demostrado que cuando pensamos o llevamos a cabo cualquier otro tipo de procesamiento de información de forma consciente para completar una tarea, la gente no es capaz de hacer varias cosas a la vez y puede, en el mejor de los casos, cambiar  rápida y aparentemente sin muchos problemas de una actividad a otra. La palabra clave aquí es, nuevamente, “aparentemente”.

Entonces, de lo que estaríamos hablando en realidad es de “task-switching”. Cuando alguien alterna entre tareas, primero cambia el objetivo y después toma una “decisión” para desviar la atención de lo que se estaba haciendo y dirigirla a la nueva tarea. Entonces se activa una pauta para que las instrucciones y procesos que servían para la primera tarea se desconecten y se enciendan aquellos que sirvan para la segunda tarea. Esta alternancia de tareas conlleva la división de la atención, y debido a que cada tarea compite con las demás por acaparar los limitados recursos cognitivos disponibles, realizar una tarea interfiere con las otras. Esta interferencia ah sido demostrada en el nivel de procesamiento de información cognitivo en muchos estudios empíricos, por ejemplo por Brumby y sus colegas en sus estudios sobre la intersección de la interacción humano-ordenador y la ciencia cognitiva (e.g., Brumby & Salvucci, 2006; Brumby, Salvucci, & Howe, 2009; Janssen, Brumby, Dowell, & Chater, 2010)

Según Brumby y Salvucci:

Las limitaciones de la arquitectura cognitiva humana a menudo limitan el paralelismo perfecto de tareas durante las situaciones de “multitarea”. Como consecuencia, los operadores de tareas deben ser espaciados…hay un cuello de botella central cognitivo que opera para limitar la ejecución y que el control de dos o más tareas primarias se hace a través de un mecanismo de “lista de espera” (p. 2451)

La existencia de interferencias ha sido también demostrada a nivel neuronal en el cerebro (Dux, Ivanoff, Asplund, & Marois, 2006; Tombu et al., 2011). Tombu et al., en sus estudios de imagen de resonancia magnética funcional (fMRI) sobre codificación perceptiva simultánea y selección de respuesta, reportan evidencias neurobiológicas apoyando “la existencia de un cuello de botella de atención unificada responsable de las limitaciones de capacidad en dominios tan diversos como la codificación de información perceptual y la selección de respuestas” (p. 123426)

Dux et al. (2006) concluyen:

Cuando los humanos intentan llevar a cabo dos tareas a la vez, la ejecución de la primera tarea lleva a posponer la segunda tarea. Este retraso de la tarea se crea como resultado de un cuello de botella que ocurre en una fase amodal, central, de procesamiento de la información, que precede a la selección de dos respuestas o a operaciones de toma de decisión desde la tarea que está siendo ejecutada en ese momento… una red neural en áreas del lóbulo frontal actúa como un cuello de botella central de procesamiento de información que limita severamente nuestra habilidad para hacer dos tareas a la vez. (p. 1109).

Por tanto, a lo que la gente se refiere en realidad cuando habla de que una persona es capaz e incluso es buena haciendo varias cosas a la vez es que esa persona, ya sea un niño, adolescente, o adultos jóvenes, a través de la práctica, ha desarrollado la habilidad para cambiar rápidamente de tarea o utilizar distintos medios. Sin embargo, aunque aparentemente hagan esto, no significa que en realidad hacer esto sea: (1) bueno o positivo para ellos, (2) beneficioso o positivo para el aprendizaje (o pensar que se aprende de forma más eficiente, eficaz o ambas), y /o (3) no perjudicial para llevar a cabo de forma precisa cualquier otra de esas tareas.

Ha sido ampliamente demostrado que los comportamientos de cambio rápido de tarea, en comparación con llevar a cabo tareas de forma serial, logran peores resultados de aprendizaje en estudiantes y también unos resultados más pobres en las tareas que se realizan (Rogers & Monsell, 1995; Rubinstein, Meyer, & Evans, 2001).

Esto se debe principalmente al hecho de que cambiar de tarea requiere de la persona que haga “malabarismos” con sus recursos mentales limitados para poder realizar bien cada tarea. Este “malabarismo” produce una ineficiencia en cada tarea, habiendo más errores y tomando más tiempo en comparación con el trabajo secuenciado. Como indica la APA (2006): “Hacer más de una tarea a la vez, especialmente cuando se trata de tareas complejas, perjudica la productividad.”

Además, esto no solo le pasa a los aprendices novatos, sino que también le ocurre a los expertos (por ejemplo, médicos con un nivel alto en su campo rinden peor cuando se ven obligados a cambiar de tarea constantemente en las salas de emergencia de un hospital). Se ha observado que l incremento de la carga para la memoria de trabajo que produce el tener que saltar de una tarea a otra deriva en un mayor número de errores médicos (Coiera, Jayasuriya, Hardy, Bannan, & Thorpe, 2002; Laxmisan et al., 2007).

En el contexto educativo, un estudio (Fox, Rosen y Crwfor, 2009) demostraron que para comprender un texto que tenían que dominar, los alumnos que mandaban mensajes de móvil mientras leían el texto necesitaron significativamente mucho más tiempo en leerlo que aquellos que no lo hacían; aproximadamente un 66% más. En otras palabras, obtuvieron los mismos resultados de comprensión pero dedicándole mucho más tiempo. Aunque el tiempo del que se habla en este estudio es relativamente corto (5,52 minutos frente a los 3,33 minutos del grupo control) pensemos ahora en la diferencia de tiempo que habría en una situación donde tuvieran que leer una lectura universitaria ordinaria, un capítulo de un libro o un artículo de una revista científica.

Los efectos perjudiciales de la multitarea

Kirschner y Karpinski (2010), sin embargo, observaron en su estudio que las personas que utilizan de forma intensa las redes sociales estudiaban el mismo tiempo que aquellas que las utilizaban poco. En otras palabras, aquellos que utilizaban mucho las redes sociales como Facebook, no invirtieron un tiempo extra en aprender el contenido que se les pedía. Lo que observaron es que sus puntuaciones (las “notas” obtenidas sobre aquello que estudiaron) eran significativamente más bajas que las del grupo de personas que no utilizaron Facebook. Observaron también diferencias. Los estudiantes estadounidenses pausaban su estudio cada vez que un nuevo mensaje aparecía en su teléfono móvil, mientras que los europeos no lo atendían inmediatamente.

Otra investigación de Junco y Cotten (2012) también halló que los alumnos que mientras estudian navegan por internet y actualizan Facebook con cosas relacionada o no con la clase tienden a obtener peores resultados.

Se ha observado también algo importante, el hecho de que durante una clase universitaria, haya un alumno actuando con multitarea (por ejemplo, atendiendo y navegando por internet en su portátil) produce también efectos negativos en el aprendizaje de aquellos compañeros que están cerca de él y tienen contacto visual con su ordenador, ya que es un estímulo distractor (Sana, Weston y Cepeda, 2013)

Por su parte, Ophir et al. (2009) en un estudio en el que participaron universitarios que se identificaron a ellos mismos como “expertos en multitarea”, se les pidió una simple tarea: tenían que mirar a una pantalla y concentrarse solo en un rectángulo de color, ignorando los estímulos irrelevantes de otros colores que iban apareciendo. Los investigadores observaron que

…los que se identificaron a sí mismos como alumnos multitarea eran más susceptibles de sufrir interferencias de estímulos irrelevantes en su memoria. Estos alumnos obtuvieron peores resultados en pruebas de multitarea, probablemente por esa peor capacidad de evitar las interferencias”.

Estos autores concluyen que, cuando se les enfrenta con distractores, los (supuestos) alumnos multitarea son más lentos en detectar cambios en patrones visuales, son más susceptibles de equivocarse, y son más lentos en alternar de tareas.

Otro estudio encontró resultados similares con otros participantes. Sus autores escriben que “la gente a menudo trabaja en modo multitarea porque son incapaces de ignorar las distracciones y centrarse en una sola cosa” (Sanbonmatsu et al., p. 7)

La investigación de Rosen et al., (2010) también respalda esta afirmación. En este estudio observaron durante 15 minutos en sus casas 263 alumnos de diversas edades (colegio, instituto y universidad). Se encontró que el tiempo máximo de estudio continuado era 6 minutos antes de pasar a utilizar algún distractor tecnológico. Además, aquellos que más hacían multitarea tenían más distractores a su disposición, pasaban más tiempo sin hacer nada y obtenían peores notas.

Por último, un estudio interesante: Loh y Kanai, (2014) utilizaron la neuroimagen para examinar la materia gris de aquellos autoproclamados “alumnos multitarea”. Lo que hallaron es que aquellos más comportamientos multitarea mostraban (se distraían con la TV, videojuegos, móvil, internet…) tenían menor densidad de materia gris en el córtex anterior cingulado, la región del cerebro que controla las funciones ejecutivas (memoria de trabajo, planificación, razonamiento y ejecución). Como este fue un estudio descriptivo que buscaba posibles relaciones entre el uso de la tecnología y la estructura del cerebro, no hay forma de saber si la gente con estas características cerebrales tiene más predisposición a la multitarea o si es el hecho de trabajar en multitarea lo que hace que el cerebro se modifique.

En otras palabras, existe evidencia de que cambiar constantemente de tarea puede derivar en una pérdida de capacidad para centrarse en una sola tarea y de ignorar distractores y que esto, repetido constantemente puede perjudicar al aprendizaje, a la ejecución y posiblemente a la concentración y el pensamiento. Incluso, hay señales de que podría afectar al desarrollo del cerebro.

¿Qué significa todo esto para los profesores?

Primero, hay una necesidad de enseñar a nuestros alumnos sobre la importancia de la concentración y de los efectos negativos de la multitarea. Esto no es solo importante para los métodos de estudios que los alumnos utilizan en sus casas, sino también para lo que los profesores hacen en clase. Por ejemplo, el hecho de que la multitarea está relacionada con el aprendizaje superficial (Carr, 2011). Además, el procesamiento cognitivo de información no lineal se ha demostrado que tiene un impacto negativo en la carga cognitiva lo que lleva a un peor aprendizaje (Zumbach y Mohraz, 2008). En base a esto, se podría decir que aprender a cómo estar concentrado en una tarea debería ser parte del currículo escolar.

Segundo, conocer los efectos de la multitarea les da la oportunidad a alumnos y profesores de eliminarlos de la clase. Como indica un reciente estudio (Payne et al., 2017), incluso la presencia de tablets con funcionalidad limitada puede tener consecuencias negativas en el aprendizaje desde el punto de vista más tradicional.

Se da el caso de que el uso de ordenadores portátiles en clase supone un elemento de distracción no solo para el que lo usa sino para los compañeros que lo pueden ver (Sana et al., 2013). Esto significa que es la labor del profesor la de saber dónde y cuándo debe estar presente la tecnología (por ejemplo, cuando los alumnos deban consultar algo, para colaborar online…) y cuando es una mala idea.

Esto no significa que la tecnología deba estar prohibida en educación. Simplemente hay que saber utilizar la herramienta adecuada en el momento adecuado dentro de un contexto determinado. Dentro de la formación del profesorado debería darse importancia a enseñar cómo utilizar la tecnología de forma eficaz y eficiente, tanto por parte del profesor como de los alumnos.

Conclusión

Como hemos visto, existe bastante evidencia que demuestra que ni los nativos digitales ni las personas multitarea “existen”. Todo este corpus de investigación presentado muestra que aunque los alumnos de estas generaciones hayan nacido en un mundo digitalizado, no han podido demostrar ser capaces de interactuar con la tecnología de la forma en que a menudo se les atribuye (por ejemplo, que son capaces de construir su conocimiento y conseguir un aprendizaje eficiente por sí mismos). Finalmente, la investigación muestra que estos aprendices pueden sufrir si las actividades de aprendizaje están diseñadas bajo esta falsa concepción, donde todo está diseñado para ser utilizado para, por y en relación con la tecnología.

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Artículo original y referencias bibliográficas:

https://www.gwern.net/docs/psychology/2017-kirschner.pdf

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