Malabares y cognición (evidencias)

Las investigaciones sobre desarrollo evolutivo y la ciencia cognitiva se centran en comprender la relación existente entre la habilidad motriz y las capacidades cognitivas.

Desde la publicación de los trabajos de Piaget, se ha asumido que el sistema sensoriomotor es fundamental en la representación mental. Se ha demostrado que una disfunción en el desarrollo motor a menudo se asocia con una disfunción en el desarrollo cognitivo y viceversa. Esto se relaciona con la idea de que el desarrollo motor y la experiencia motriz son factores relevantes en el rendimiento cognitivo, especialmente en las habilidades espaciales.

Las habilidades espaciales son procesos cognitivos que incluyen la visualización, la orientación, y la rotación mental. De esto modo, la rotación mental es la capacidad de imaginar cómo un objeto quedaría si lo rotásemos a partir de su posición inicial.

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La influencia de los procesos motores en la resolución de tareas de rotación mental en adultos ha sido demostrada con estudios. Los resultados en los test de rotación mental muestran velocidades de reacción y cantidades de acierto mayores cuando la rotación manual y mental son simultáneas. En un estudio con adultos (Wiedenbauer, Schmid, Jansen y Osmann, 2007) se pudo demostrar que la rotación mental puede ser entrenada con la ayuda de programas de rotación manual, donde la rotación mental es entrenada a través de la utilización de un joystick que el individuo va moviendo para mover la figura que aparece en pantalla.

Los efectos de los procesos motores durante las tareas de rotación mental también han sido investigados en niños. Una muestra de niños de entre 5 y 11 años, y adultos, realizaron una prueba en la que tenían que realizar una tarea de rotación mental mientras que simultáneamente rotaban su propia mano, mientras agarraban una palanca, en la misma dirección que la figura en pantalla. Los niños de menor edad resolvieron la tarea con más facilidad que los niños de mayor edad y los adultos, demostrando así la asociación existente entre la capacidad de rotación motora y mental en niños pequeños (Frick, Daum, Walser, Mast, 2009)

En contraste con esto, sólo se encontró un efecto motor durante las transformaciones mentales fue en uno de dos experimentos (con participantes de 5,6 y 7 años y adultos) y este efecto era menos pronunciado en niños más pequeños (Krüger y Krist ,2009)

En un estudio con adultos (Jansen , Titze, Heil ,2009) se demostró que el entrenamiento en malabares (juggling) durante 3 meses mejoró la capacidad de rotación mental de los adultos que entrenaron frente a aquellos que no lo hicieron. Hacer malabares es una habilidad motriz compleja que requiere tener buena precisión manual, buena capacidad de presión, percepción visual periférica, y ser capaz de visualizar las trayectorias de las pelotas antes de ejecutar los movimientos.

Este resultado es válido desde un punto de vista neurológico ya que se demostró un incremento en la plasticidad cerebral tras el entrenamiento en el área específica del cerebro encargada en la rotación mental, el surco intraparietal.

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Área que se modificó en los participantes tras el entrenamiento en malabares

Siguiendo con estos hallazgos, Jansen, Lange y Heil (2011) llevaron a cabo un estudio similar con población infantil, con el objetivo de averiguar si un plan de entrenamiento de la coordinación motora conseguía un aumento o mejora de la capacidad de rotación mental  como ya ha sido demostrado en adultos anteriormente.

El estudio fue llevado a cabo en un colegio de Alemania. Participaron un total de 57 niñas de entre 6 y 14 años. El grupo experimental, de 29 participantes, recibió un entrenamiento de malabarismo. El grupo control fue de 28 participantes, y recibieron entrenamiento de fuerza con bandas elásticas (theraband). Ambos grupos practicaron los mismos días y de forma simultánea (cada grupo en un lado del pabellón escolar). Ambos grupos continuaron recibiendo sus clases de Educación Física escolar durante los tres meses que duró el estudio. Ninguno de los participantes del grupo experimental sabía hacer malabares al inicio del experimento, y presentaban una correcta agudeza visual. En el estudio las participantes eran solo niñas, debido a las ya sabidas diferencias que hay entre chicos y chicas en la habilidad de rotación mental.

Antes de empezar el programa de entrenamiento, las participantes realizaron un test de rotación mental en un ordenador, donde tenían que responder rápidamente pulsando un botón si las dos figuras tridimensionales que aparecían eran iguales. Los resultados entre ambos grupos en esta prueba inicial no presentaron diferencias significativas.

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Ejemplo de las figuras que observaban los participantes durante las pruebas

Al cabo de 3 meses de intervención, se volvió a repetir el test. Los autores encontraron diferencias significativas entre ambos grupos. El grupo de niñas que había entrenado malabares había mejorado su velocidad de reacción en tareas de rotación mental de forma significativa (p< 0.05-0.01) más que el grupo control. Además de esto, los investigadores observaron que a mayor edad de las participantes, mejores puntuaciones obtenían (algo evidente, por otro lado).

Con esto, los investigadores concluyen que los efectos del entrenamiento fueron exclusivos en el grupo que practicó en malabares, y no en el grupo que entrenó ejercicios de fuerza.

En un estudio publicado un año más tarde por los mismos autores (Jansen y Lehmann, 2012), se entrenó durante 8 semanas a un grupo de niños de entre 8 y 12 años que tenían espina bífida. El grupo experimental recibió entrenamiento en malabares mientras que el grupo control siguió con su actividad normal. Los resultados tras el entrenamiento fueron en la misma línea que en anteriores estudios. Los niños que habían entrenado malabares mejoraron su velocidad de reacción en tareas de rotación mental de forma significativa en comparación con el grupo control.

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Como docente especializado en la Educación Física, encuentro estos hallazgos especialmente relevantes. Nuestra asignatura goza de poca consideración entre la población, en parte por la opacidad de los aprendizajes que produce y la falta de evidencias contundentes sobre sus efectos. Deberíamos aprovechar los resultados de estudios como los presentados para defender la necesidad y utilidad de nuestra asignatura en la escuela. La práctica motriz es fundamental en el desarrollo cognitivo de los niños.

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Referencias

Frick A., M.M.Daum, S.Walser, F.W.Mast (2009) Motor processes in children`s mental rotation. J.Cogn.Dev. 10:18-40

Jansen P., C.Titze, M.Heil (2009) The influence of juggling on mental rotation performance. IJSP 4:351-359.

Jansen, P.,  Lange, F., Heil, M. (2011). The influence of juggling on mental rotation performance in children. Biomedical Human Kinetics, 3. 18-22.

Jansen, P., Lehman, J. (2012). The influence of juggling on mental rotation performance in children with spin bifida. Brain and cognition, 80. 223-229.

Krüger M., H.Krist (2009) Imagery and motor processes – when are they connected? The mental rotation of body parts in development. J.Cogn.Dev, 10:239-261.

Wiedenbauer G., P.Jansen-Osmann (2008) Manual training of mental rotation in children. Learn.Instr. 18:30-41.

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