El aprendizaje cooperativo funciona

El aprendizaje cooperativo es ampliamente reconocido como un método pedagógico que promueve el aprendizaje y la socialización entre los estudiantes desde el nivel de preescolar hasta la etapa de educación superior (Gillies, 2016).

Pero ¿qué es el aprendizaje cooperativo?

En educación, el principal objetivo del alumnado es el de llegar a demostrar cierta competencia o dominio de la materia estudiada. Los objetivos de aprendizaje de los estudiantes pueden ser estructurados de forma cooperativa, competitiva o individualista (Coll, 1984). En cada clase, las actividades que plantea el profesor están enfocadas bajo una de estas tres estructuras.

La estructura que elijamos condiciona la manera en la que los estudiantes interactúan entre ellos y con el profesor durante las sesiones de aprendizaje. Así, cada tipo de estructura (cooperativa, competitiva o individual) tiene su sitio en el planteamiento educativo (Álamo, 2016).

En la clase ideal, todos los alumnos deberían aprender a trabajar cooperativamente con los demás, además de a competir por diversión y mero disfrute, y a trabajar de forma autónoma por sí mismos. Es el profesor quien decide qué estructura va a plantear en cada lección, sin olvidar que la que más se debería utilizar en la enseñanza, es la estructura de cooperación (Johnson y Johnson y Holubec, 1999).

Para concretar este tipo de estructura, surge la metodología del aprendizaje cooperativo. El aprendizaje cooperativo es una metodología educativa basada en el trabajo en pequeños grupos, normalmente heterogéneos, en los que los estudiantes aúnan esfuerzos y comparten recursos para mejorar su propio aprendizaje y también el de los demás miembros del equipo (Johnson, Johnson y Holubec, 1999).

La cooperación consiste en trabajar juntos para alcanzar metas comunes. En situaciones de cooperación, los individuos persiguen resultados que les benefician a ellos pero también al resto de miembros del grupo.

El aprendizaje cooperativo surge en contraste con la enseñanza competitiva, donde cada estudiante compite contra el resto de la clase por conseguir el mejor resultado académico (por lo general, una calificación de “10” que solo unos pocos pueden alcanzar); y también la individualista, donde cada alumno trabaja solo por sus objetivos, que difieren de los objetivos de los demás.

No obstante,para que se dé una verdadera situación de aprendizaje cooperativo, no basta con agrupar a los alumnos en pequeños grupos y mandarles realizar una tarea. La correcta aplicación de esta metodología requiere organizar las propuestas de actividades de forma que se estén presenten los siguientes elementos (Johnson y Johnson, 1987):

  • Interdependencia positiva de metas. El trabajo de un alumno beneficia al de sus compañeros, y viceversa. Esto provoca que todos aúnen esfuerzos, se ayuden, compartan ideas y celebren juntos los logros.

  • Interacción social promotora, preferentemente cara a cara. Los resultados de los alumnos se verán reforzados con las actitudes positivas, de ánimo e inclusión del grupo. Se piensa en un “yo” colectivo, en lugar de un “yo” individual.
  • Responsabilidad personal e individual. Implica que cada alumno se tiene que esforzar al máximo de sus posibilidades en el desarrollo de las tareas asignadas. Cada persona entiende que sus esfuerzos son imprescindibles para el éxito grupal y nadie elude su compromiso. Se suelen asignar distintos roles a cada miembro del grupo para asegurar la sinergia y el sentido de responsabilidad.
  • Habilidades interpersonales y de grupo. Las habilidades sociales son la clave en la productividad de un grupo. Cuanto más hábiles sean socialmente los alumnos, mayor será el nivel de logro en esta metodología.
  • Procesamiento grupal o autoevaluación. Al final de cada sesión, el grupo reflexiona sobre su forma de funcionar, considerando los aciertos y los errores, y tratando de mejorar para la siguiente sesión. Se suele hacer uso de un cuaderno de equipo o de planillas de autoevaluación (ejemplo).

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Los hermanos Johnson, principales referencias del aprendizaje cooperativo (google images)

Pese a que puede parece que el aprendizaje cooperativo sea una práctica moderna, lleva siendo aplicada e investigada desde los años 70 países como Israel, Holanda, Noruega e Inglaterra (Lobato, 1997).

Evidencia disponible

Como momento importante en la investigación referente a esta metodología, podemos señalar el meta-analisis realizado en ellos años 80 donde 122 estudios fueron analizados para valorar los efectos del aprendizaje cooperativo frente al competitivo e individualista en el rendimiento académico de los alumnos (Johnson, Maruyama, Johnson, Nelson y Skon, 1981). Los resultados mostraron los siguiente:

  • Los resultados académicos de los alumnos que trabajaban en cooperación (aprendizaje cooperativo) fueron mejores que aquellos que trabajaban a través de la competición interpersonal (aprendizaje competitivo) y los esfuerzos individualistas (aprendizaje individual).
  • Los resultados de propuestas cooperativas con competición entre los grupos fueron superiores a la pura competición entre individuos y al esfuerzo individual.
  • No hubo diferencias significativas entre los resultados obtenidos por la metodología competitiva y la metodología individualista.

Estos resultados se podían observar con la misma intensidad en distintas asignaturas como lengua, arte, lectura, matemáticas, ciencias y educación física. Además, también se mantenía el mismo patrón para todos los grupos de edad analizados.

De un modo similar, en un estudio de síntesis de más de 60 estudios (Slavin, 1989) con participantes de primaria y secundaria, se comparó grupos experimentales de aprendizaje cooperativo con grupos control con metodología tradicionales que estudiaban la misma asignatura. Los resultados mostraron que los resultados globales de los grupos experimentales fueron en un 72% de los casos superiores, mientras que los del grupo control lo fueron en un 15%, con un 13% de casos en los que las diferencias no fueron significativas. Estos hallazgos llevaron a Slavin a concluir que el aprendizaje cooperativo puedeser una estrategia efectiva para incrementar el éxito de los estudiantes.

En un meta-análisis posterior de 117 estudios (Johnson y Johnson, 2002) se examinó los efectos del aprendizaje cooperativo, competitivo e individual en variables como el rendimiento académico, la cohesión de grupos, las ayudas entre iguales o la autoestima del alumnado. Los investigadores encontraron sólidos valores de tamaño de efecto en la metodología cooperativa en comparación con las otras. Los índices de tamaño de efecto oscilaban entre 0.58 y 0.70, lo que significa un grado de impacto positivo mediano, algo que autores como Hattie (2009) consideran deseable ya que “puede marcar diferencias reales en  la escuela”. (p.17)

Teniendo en cuentas estos resultados, Roseth, Johnson y Johnson (2008) realizaron un meta-análisis de 148 estudios donde compararon la eficacia del aprendizaje cooperativo, competitivo e individual en los resultados académicos y las relaciones entre iguales de alumnos preadolescentes. Los autores encontrados que en el aprendizaje cooperativo se daban mejores resultados que en las otras dos estructuras: cuantas más estructuras de aprendizaje cooperativo utilicen los profesores de alumnos preadolescentes, (a) más probabilidad de éxito tendrán los alumnos, (b) más positivas tenderán a ser sus relaciones, y (c) mayor será la probabilidad de que sus buenos resultados académicos vayan asociados a más relaciones positivas entre ellos (Roseth y cols., 238)

En un meta-análisis posterior que analizaba el grado con el que los logros académicos se asociaban con la motivación, se encontró que las situaciones de aprendizaje caracterizadas por la interdependencia positiva (cooperación) resultaban en una mayor motivación y nivel de logro que aquellas en las que había interdependencia negativa (competición) o no había interdependencia (individualismo) (Johnson, Johnson, Roseth y Shin, 2014).

En una investigación de síntesis sobre matemáticas, lectura e intervención con alumnos con dificultades de aprendizaje  de primaria y secundaria, Slavin (2013) encontró que métodos bien estructurados de aprendizaje cooperativo producen mayor tamaño de efecto que aquellos métodos que involucraban el uso de libros de texto de currículum innovador o la utilización de las TIC en lectura y matemáticas.

Resultados similares se encontraron en otra síntesis de estudios sobre programas educativos de ciencias (Slavin, Lake, Hanley y Thurston, 2014).

En España, el aprendizaje cooperativo parece haber cobrado un papel protagonista durante los últimos años (Pujolás, 2012), sucediéndose diversas experiencias exitosas que ofrecen buenos resultados en diferentes grupos de edad y para diferentes cuestiones: mejor selección de estrategias de aprendizaje de los alumnos (Gavilán y Alario, 2012), mayor capacidad de trabajo autónomo de los estudiantes (Sánchez y Casal, 2016), mayor reducción del acoso escolar (León, Polo, Gozalo y Mendo, 2016), mejor adaptación de los alumnos al sistema educativo (Pérez-Sánchez y Poveda-Sierra, 2008; Seguí y Durán, 2011), mayor motivación (Fernández, Cecchini y Méndez, 2014), o mayor rendimiento académico en distintas áreas (Gallach y Catalán, 2014; Poveda, 2007; Ruiz Varela, 2012 ).

En base a lo expuesto, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que hay evidencia suficiente para considerar que el aprendizaje cooperativo es más efectivo que el competitivo y el individualista en lo relativo al logro académico y social de los estudiantes.

Referencias bibliográficas:

Álamo, J. (2016). Aprendizaje cooperativo, aceptación social y autoestima en Educación Física. Intervención con un alumno con discapacidad intelectual leve. (Trabajo Fin de Máster no publicado). Máster Universitario en Atención a la Diversidad y Apoyos Educativos, Centro Universitario Cardenal Cisneros, Universidad de Alcalá, Alcalá de Henares.

Coll, C. (1984). Estructura grupal: interacción entre alumnos y aprendizaje escolar.Infancia y Aprendizaje: Journal for the Study of Education and Development, 7, (27-28), 119-138.

Fernández, J.; Cecchini, J. A. y Méndez, A. (2014). Effects of cooperative learning on perceived competence, motivation, social goals, effort and boredom in prospective Primary Education teachers. Journal for the Study of Education and Development, 37 (1), 57-89.

Gallach, M. J. y Catalán, J. P. (2014). Aprendizaje cooperativo en Primaria: Teoría, Práctica y Actividades Concretizadas. Didáctica de la ciencias experimentales y sociales, 28 (1), 109-133.

Gavilán, P. y Alario, R. (2012). Efectos del aprendizaje cooperativo en el uso de estrategias de aprendizaje. Revista Iberoamericana de Educación, 60 (2), 1-13.

Gillies, R. M. (2016). Cooperative Learning: Review of Research and Practice. Australian journal of Teacher Educación, 41(3).

Hattie, J. (2009). Visible learning: A synthesis of over 800 meta-analyses relating to achievement. London: Routledge.

Johnson, D. W. y Johnson, R. T. (1987): Learning together and alone. Boston: Allyn and Bacon.

Johnson, D. W.; Johnson, R. T. y Holubec, E. J. (1999). El aprendizaje cooperativo en el aula. Buenos Aires: Paidós.

Johnson, D., & Johnson, R. (2002). Learning together and alone: Overview and meta- analysis. Asia Pacific Journal of Education, 22, 95-105.

Johnson, D., Maruyama, G., Johnson, R., Nelson, D., &Skon, L. (1981). Effects of cooperative, competitive, and individualistic goal structures on achievement: A meta- analysis. Psychological Bulletin, 89, 47-62.

León, B.; Polo, M. I.; Gozalo, M. y Mendo, S. (2016). Relevancia del aprendizaje cooperativo sobre los diferentes perfiles de la dinámica bullying. Un análisis mediante pruebas de tamaño del efecto. Anales de psicología, 32 (1), 80-88.

Lobato, C. (1997). Hacia una comprensión del aprendizaje cooperativo. Revista de psicodidáctica, 4 (1), 59-76.

Pérez-Sánchez, M. Á. y Poveda-Sierra, P. (2008). Efectos del aprendizaje cooperativo en la adaptación escolar. Revista de Investigación Educativa, 26 (1), 73-94.

Poveda, P. (2007). Implicaciones del aprendizaje de tipo cooperativo en las relaciones interpersonales y en el rendimiento académico (Tesis Doctoral). Departamento de Sociología II, Psicología, Comunicación Didáctica, Universidad de Alicante, Alicante.

Pujolàs, P. (2012). Aulas Inclusivas y aprendizaje cooperativo. Educatio siglo XXI, 30 (1), 89-112.

Ruiz Varela, D. (2012). La influencia del trabajo cooperativo en el aprendizaje del área de economía en la enseñanza secundaria. (Tesis Doctoral). Departamento de didáctica de las ciencias sociales y experimentales. Universidad de Valladolid, Valladolid.

Roseth, C., Johnson, D., & Johnson, R. (2008). Promoting early adolescents’ achievement and peer relationships: The effects of cooperative, competitive, and individualistic goal structures. Psychological Bulletin, 134, 223-246.

Sánchez Godoy, I. y Casal, S. (2016). El desarrollo de la autonomía mediante las técnicas de aprendizaje copertivo en el aula de L2. Porta Linguarum, 25 (1), 179-190.

Seguí, G. y Durán, D. (2011). Efectos del aprendizaje cooperativo en el nivel atencional de una alumna con un trastorno del espectro autista. Revista Educación Inclusiva, 4 (3), 9-20.

Slavin, R. (1989). Cooperative learning and student achievement. In R. Slavin (Ed.), School and classroom organization (pp. 129-156). New Jersey: Lawrence Erlbaum.

Slavin, R. (2013). Effective programmes in reading and mathematics: Evidence from the Best Evidence Encyclopedia. School Effectiveness and School Improvement, 24, 383-391.

Slavin, R. (2014). Cooperative learning and academic achievement: Why does groupwork work? Anales De Psicologia, 30, 785-791.

Slavin, R., Lake, C., Hanley, P. & Thurston, A. (2014). Experimental evaluations of elementary science programs: A best-evidence synthesis. Journal of Research in Science Teaching, 51, 870-901

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